Y llego como epifanía.
Recuerdo que la sinfonía del bar perdió la melancolía en sus notas
se olvidaron de tocar la marcha fúnebre y
comenzaron a tocar una marcha real que alegro el día.
Las corcheas y semicorcheas
desfilaban a su andar.
Y uno con su aspecto mortuorio, de seguro en la frente tenía escrito el
epitafio que ella me escribió al
abandonarme.
No encuentro otra razón del por qué me miraba fija mente,
como si le atrajera mi fracaso.
Ella como ave de buen agüero, se acercaba con paso firme
y yo como gato negro en un mal viernes trece, escondido de bajo de la escalera de la memoria con miedo a
qué.
Que no sé qué sucedió... ?/
el cantinero sirvió un trago de olvido como buen presagio.
Pero yo derramé la sal en la herida de la noche estúpidamente como indicio a mi desgracia.
La barra de un bar llega ser un oasis, cuando la sed de soledad nos
deshidrata el alma.
Y con la desesperación de náufrago a
la deriva después de meses en alta mar buscando consuelo y olvido en la
botella.
Le cedí un espacio sin querer en a mi lado izquierdo
y ella llegó como las olas que me guiaron a la barra de aquel bar.
El tiempo condujo al cigarrillo que torpe y asustado le prendí,
en mi miedo se notaba la flama que bailaba y danzaba para atraerme a ella.
El humo en mi cara era una limpia como la de los chamanes para alejar
los malos espíritus,
pero yo solo tenía recuerdos que se
quedaron a pesar de las indirectas de sus labios.
La plática comenzó a salir de
nuestras lenguas,
y poco a poco las lenguas se
llenaban de saliva una de la otra.
Sabía y precisa del sentido del gusto.
Los tragos calentaron la sangre y las caricias las cabezas
todo iba por buen camino
y el buen tiempo generoso y cansado
marco en el reloj de pared de aquel
bar el cierre de sus puertas
y con las ganas de abrir sus puertas
nos despedimos del lugar
a, pero al salir
tu recuerdo me acechaba
el viento me recordó tu nombre
mientras subíamos al taxi
un semáforo de cordura nos detuvo
hasta la llegada al destino
y tu presencia sin invitación e
incómoda abordo la mente
y justo en el árbol de la esquina
aguardaba un cuervo que como
pesadilla pensé en tu cabello y en tu
Cuerpo
entramos a la casa
al encender la luz se espantó tu
sombra que me seguía
y sus manos me guiaban por
caminos que no conocía, pero mi
inconsciencia los comparaba con los
tuyos
la mente se llenó de morbo sudor
iba y venían los fluidos, pero el corazón no me perdono el
acto
y me condeno con tu nombre en mi
boca mientras me venía, pero ella no perdono la blasfemia
y sin poder pedir perdón me fui
sin decir adiós