Escasean como hoy el agua, como el dinero en mis bolsillos, cómo los recuerdo juntos. Nunca son suficientes, ni está por demás tener uno guardado en la memoria para esos días donde la melancolía asfixia y la tristeza nos ciega, la rutina nos come y la locura comienza a perderse.
Nunca son suficientes y siempre hacen falta.
Cómo hacé falta el hambre y la injusticia en la vida de los ministros y dictadores.
Cómo hacé falta dios en la conciencia de sus párrocos y obispos.
Cómo hacen falta más bosques y menos huertas de aguacate.
Por eso y para eso no está por de más ejercer la noble acción de apapachar y aceptar un apapacho. De quien sea y dónde sea.
Sin estigmas ni para dogmas.
Sin prejuicios ni juicios previos.
Sin preocupaciones de puñales o intenciones.