Pará abrir pasó a todo un vía crucis con su respectiva crucifixión, Para no perder la costumbre.
Primero miras el reloj cada maldito minuto.
Y créeme, empiezas a conocer la eternidad.
Al principio quieres marcarle, arrepentirte, hasta que tu cobardía se convierte en horas y tu arrogancia te ahorca y sientes una rabia cuando miras los mensajes y de ella no encuentras nada.
Y de la nada, te encuentras ebrio en el reflejo de un tarro vacío y te escuchas diciendo estupideces, ablando horas y horas mal de ella, mientras alardeas con gente que ni conoces, pero desconoces que el eco de tu rabieta va a llegar a sus oídos y conocerás el arrepentimiento.
Pero ya abran pasado algunos días cuando por fin lo comprendiste y por orgullo habrás borrado cada número, cada cuenta, habrás derribado cada puente que te conduzca a ella, habrás levantado tantos muros y cavar tantas trincheras posibles, pero es un esfuerzo en vano. Y entendiste que mayo puede ser un crudo invierno en una verdadera soledad.
Y sin estar preparado tu primavera se convierte en un parpadeó en otoño, y con ello llegan las lluvias que inundan los recuerdos, las coladeras de los ojos comienzan a taparse de reproches y pretextos. Y por la noche tu único consuelo es la luna, que con cada día que pasa pierde efecto.
Y tu verano es una perpetua agonía en algún hospital psiquiátrico donde te refugias. Y comienzas a enfermar de melancolía y la ansiedad te invade y cometes la estúpida idea de observarla desde lejos y todo empeora. Tu depresión aumenta. Tu autoestima baja y te revuelcas en la cama con cualquiera.
El sexo comienza a ser un mal necesario para este crudo invierno que te cobija por tu destierro.
Las hojas de los árboles han comenzado a caer y con ellas los miles de escritos que nunca enviaste.
Presagiando el heraldo que se avecina las aves emigran al sur mientras los sueños que construí juntos lo hacen a lo desconocido.
Un viento frío congela el alma, arranca las palabras de auxilio y hace un nudo en el corazón que asfixia él alma.
Créeme si te digo que la primavera que ha llegado en esta etapa del calvario no es nada hermosa.
Han comenzado a florecer las rosas y los recuerdos.
Es aquí cuando la palabra abnegación comienza a tener sentido.
Primero haces una corona de reclamos y censuras.
Cargas una cruz de escusas y justificaciones.
Buscas algún monté dónde nadie vea lo patético que es uno.
Y comienzas autocrucificarte El primer clavó es a las piernas. De esa manera evitarás ir tras de ella.
El según es lógica. Cómo soy diestro sería una estupidez no crees.
Jesús tenía tres clavos, una corona de espinas, Una cruz, un público, una dama que llora por su sacrificio y una lanza que terminó con su vida.
Bueno eso cuentan los libros gratuitos del templo.
Qué ironía.
Uno tiene una corona.
Un monte de olvido.
La soledad de sufrir en silencio.
Y dos clavos.
Una mano diestra libre para arrancarse el corazón y una lanza en el suelo con tú nombré.
Yo no sé que vio jesús desde la cruz.
Pero yo desde aquí te veo más feliz que nunca.
nto
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