jueves, 12 de agosto de 2021

Él ave que se enjauló sola.

Y cantaba esa ave, volaba de cielo en cielo, entre los cedros y pinos se paseaba. Descansaba sobre las sombras de los abedules y abetos. 
Y un día la miro. 
Navegaba por el aire distraído como de costumbre y sin saberlo en septiembre comenzó a cantar sobre su ventana y ella pagaba con una sonrisa y el ave feliz cantaba con más fuerza. 
El otoño comenzó en octubre y esa ave loca emigró a su alcoba. 
Las lluvias de noviembre con su compañía en la ventana fueron realmente acogedoras y el ave le cantaba al oído. 
El invierno pego tan duro que buscaba refugio en su cuerpo caliente, y el ave cantaba sobre su pecho. 
Enero fue mágico, el vapor que salía de la ducha le calentaba el alma y ella le daba de comer en la boca y el ave volaba de su cama a sus brazos, desesperado por llegar como si ese fuese todo el cielo. 
En febrero abrió las ventanas de su vida y por miedo a que el ave se fuera la encerró con una jaula que la misma ave ayudo a adornar. 
En marzo cantaba dentro de la jaula y al principio le acariciaba como recompensa. 
Y ya en abril le ignoraba mientras el ave suplicaba porque le hicieran caso. 
Mayo fue duro la primavera se observaba desde la jaula y ella entraba y salía de su cuarto como si nada importara. 
Junio y julio dejo de cantar y comer. 
En agosto se preocupó de esa ave que moría por dentro, abrió la jaula para revisar el ave y olvido cerrar la venta de su cuarto, el ave despechada y furiosa voló a su libertad salió de su vida con el corazón partido. 
En septiembre regreso, la miro en la distancia y canto en silencio para no llamar su atención. 
En octubre los vientos anunciaba la partida al sur y el ave terca y testaruda, aguardo en el recuerdo donde vivía. 
Y en noviembre se dio cuenta de su error, pero ya era demasiado tarde para volar al sur. 
Las lluvias llegaron desde el corazón al cielo inundo las calle y los recuerdos, y el ave casi muere ahogado mientras cantaba auxilio con tanta pasión. 
Diciembre congelo el corazón de la chica que miro al ave mientras sufría del frío que congelaba el alma y sin remordimiento alguno, se negó abrir las ventanas de su vida, de su habitación y con arrogancia lo miraba e impedía la entrada una vez más a su Corazón. 
La soledad congeló las alas en enero de esa ave que intento en más de una ocasión llamar su atención mientras cantaba frente a su ventana. 
Yo amigos míos intenté en más de una ocasión ayudar a esa ave mientras caminaba ebrio por la calle del olvido. 
Y esa ave necia se aferraba al recuerdo de esa chica y empeñada por regresar a ella. El primero de febrero me di cuenta de que esa ave estaba loca pues cantaba con la esperanza de regresar a su jaula donde algún día fue feliz.

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